Antes de Pasar Página

  • Cuento gratis
  • Para un amigo o amiga
  • Ocasiones especiales
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Clara y Sofía se conocieron a los seis años acariciando al mismo gato. Diez años después, Clara contó en clase el secreto que su amiga le había confiado llorando, y desde entonces se cruzan por los pasillos sin mirarse.

De qué habla este cuento

Que pedir perdón no es explicar por qué lo hiciste, sino reconocer lo que rompiste

El cuento

Capítulo 1: El primer encuentro

Clara recordaba perfectamente aquel día de septiembre en el patio del colegio. Sofía estaba sola junto al columpio roto, acariciando a un gato atigrado que maullaba suavemente. Sus ojos brillaban con curiosidad mientras observaba a los demás niños jugar.

Una niña arrodillada acaricia a un gato atigrado naranja subido a una mesa de madera, junto a una ventana

El gato se llamaba Nico y había aparecido esa mañana en el colegio. Sofía le susurraba palabras dulces mientras le rascaba detrás de las orejas. Clara se acercó despacio, intrigada por aquella niña que parecía entender el lenguaje secreto de los animales. «¿Puedo acariciarlo también?», preguntó Clara con timidez. Sofía sonrió y asintió. Así comenzó todo.

Dos niñas comparten un bocadillo sentadas en un banco del patio, con el edificio del colegio al fondo

Desde aquel momento, las dos niñas se volvieron inseparables. Compartían bocadillos durante el recreo e inventaban historias sobre Nico. El gato parecía haberlas elegido como sus mejores amigas humanas. Pronto descubrieron que vivían en la misma calle, separadas apenas por tres casas.

Las tardes se llenaron de aventuras compartidas. Exploraban el parque cercano, construían fortalezas con mantas en el salón de Clara y creaban mapas del tesoro para esconder cartas secretas. Nico las seguía fielmente, como si fuera el guardián de sus travesuras. Sofía tenía ideas brillantes y Clara la energía para convertirlas en realidad. Juntas eran imparables.

Los fines de semana organizaban expediciones al bosquecillo detrás del barrio. Sofía llevaba su mochila llena de provisiones: galletas, zumo y cuadernos para dibujar. Clara aportaba su imaginación desbordante y su risa contagiosa. Nico corría entre los árboles, persiguiendo mariposas mientras ellas inventaban cuentos fantásticos sobre hadas escondidas.

Aquellos primeros meses de amistad fueron mágicos. Cada día traía nuevos descubrimientos y complicidades. Se contaban secretos al oído, hacían promesas de amistad eterna y juraban que nada podría separarlas jamás. Nico observaba desde su rincón favorito, ronroneando suavemente, como si también formara parte de aquel pacto especial entre las dos niñas más felices del mundo.

Capítulo 2: Secretos y risas

Con el paso del tiempo, Clara y Sofía desarrollaron su propio código secreto. Inventaron palabras mágicas que solo ellas entendían y crearon rituales especiales para los días importantes. Nico había crecido y se había convertido en el confidente perfecto de sus travesuras.

Una niña subida a una escalera cuelga una guirnalda en el desván, con mapas dibujados a mano por las paredes

Durante las vacaciones de verano organizaron el «Club de las Aventureras Secretas». Su cuartel general estaba en el desván de la casa de Sofía, decorado con guirnaldas de papel y mapas dibujados a mano. Allí guardaban sus tesoros más preciados: conchas marinas, piedras brillantes y cartas de amistad escritas con tinta invisible. Nico tenía su propia almohada especial en aquel refugio.

Las noches de pijamada se convirtieron en tradición sagrada. Se quedaban despiertas hasta muy tarde, susurrando historias de fantasmas que las hacían reír más que asustarlas. Sofía preparaba palomitas y Clara inventaba chistes terribles que las hacían llorar de risa. Nico dormía plácidamente entre las dos.

Cuando Clara tuvo varicela, Sofía le enviaba cartas diarias por la ventana de su habitación. Las ataba a una cuerda y las hacía subir hasta el segundo piso. Dentro escribía chistes, dibujos graciosos y noticias del colegio para que su amiga no se sintiera sola. Nico esperaba pacientemente bajo la ventana, como si entendiera que era parte importante de aquella misión especial.

Durante las tardes de lluvia, convertían el salón en un teatro improvisado. Sofía escribía guiones fantásticos y Clara interpretaba todos los personajes con voces divertidas. Nico participaba como actor secundario, aunque a menudo se distraía persiguiendo las sombras que proyectaban las cortinas. Sus obras siempre terminaban entre aplausos y carcajadas.

Los cumpleaños eran celebraciones épicas que duraban todo el fin de semana. Organizaban búsquedas del tesoro, concursos de talentos y competiciones de repostería que terminaban con la cocina completamente manchada de chocolate. Nico recibía siempre una porción especial de tarta, preparada exclusivamente para él. Aquellos momentos parecían durar para siempre, llenos de alegría pura y amistad verdadera.

Capítulo 3: Nubes en el horizonte

A medida que crecían, aparecieron pequeñas grietas en su amistad perfecta. Clara comenzó a sentirse celosa cuando Sofía hacía nuevos amigos en el instituto. Discutían por tonterías que antes las hacían reír. Nico observaba preocupado desde su rincón favorito.

Las conversaciones se volvieron más complicadas. Sofía hablaba de chicos que le gustaban y Clara fingía interés mientras sentía una extraña incomodidad. A veces pasaban días sin hablarse por malentendidos absurdos. Nico intentaba mediar, ronroneando entre las dos cuando se reunían, como si tratara de recordarles los buenos tiempos. Sus travesuras compartidas fueron espaciándose cada vez más.

El desván del «Club de las Aventureras Secretas» acumuló polvo durante meses. Los mapas del tesoro se arrugaron y las cartas secretas amarillearon en sus escondites. Sofía parecía más interesada en quedar con otros amigos. Clara se sentía abandonada y confundida.

Un día especialmente difícil, Clara descubrió algo que cambiaría todo entre ellas. Sofía había organizado una fiesta de cumpleaños y no la había invitado. Peor aún, había invitado a chicas que solían burlarse de Clara en clase. La rabia y el dolor se mezclaron en su pecho como una tormenta furiosa. Sin pensarlo dos veces, tomó una decisión de la que se arrepentiría profundamente.

Una adolescente, de pie y enfadada, señala hacia el frente en un aula mientras sus compañeros la miran desde los pupitres

Clara reveló el secreto más importante de Sofía a toda la clase. Aquel secreto que su amiga le había confiado entre lágrimas una tarde de lluvia, prometiendo que nunca se lo contaría a nadie. Lo hizo por despecho, para herirla como ella se sentía herida. Nico estaba presente cuando ocurrió. Sus ojos parecían reprocharle su crueldad.

Las consecuencias fueron devastadoras. Sofía se sintió traicionada de la manera más profunda posible. La confianza que habían construido durante años se desmoronó en un instante. Dejaron de hablarse completamente. Los pasillos del instituto se convirtieron en campos de batalla silenciosos donde se ignoraban mutuamente. Nico, confundido, visitaba a ambas pero ya nada era igual. La amistad parecía rota para siempre.

Capítulo 4: Antes de pasar página

Meses después, Clara comprendió la magnitud de su error. Había perdido a su mejor amiga por orgullo y venganza. Nico la visitaba menos frecuentemente, como si también estuviera decepcionado. Las noches se llenaron de remordimiento y nostalgia por los tiempos felices.

Clara intentó disculparse varias veces, pero siempre encontraba excusas para justificar su comportamiento. «Ella también me hizo daño», se decía a sí misma. Sin embargo, en el fondo sabía que nada justificaba haber traicionado la confianza de Sofía. Una tarde, mientras acariciaba a Nico en el parque donde solían jugar, entendió que necesitaba asumir completamente su responsabilidad sin excusas ni justificaciones.

Recordó todos los momentos hermosos que habían compartido: las risas nocturnas, los secretos susurrados, las aventuras inventadas, la complicidad absoluta. Todo aquello había sido real y valioso. Su amistad había sido uno de los tesoros más importantes de su vida.

Clara comprendió que pedir perdón no significaba explicar por qué había actuado así. No importaba que se hubiera sentido herida o celosa. Lo único importante era reconocer el daño que había causado y demostrar cuánto lamentaba haber roto algo tan hermoso. Nico ronroneó suavemente, como si aprobara esta nueva comprensión. Era momento de ser completamente honesta y vulnerable.

Una joven escribe a mano en una mesa junto a la ventana, con papeles arrugados, un tintero y una taza al lado

Aquella tarde, Clara tomó papel y bolígrafo. Escribió sobre todos los recuerdos hermosos que habían compartido, sobre lo importante que había sido Sofía en su vida y sobre cuánto la echaba de menos. No buscó excusas ni justificaciones. Solo quería que Sofía supiera cuánto lamentaba haberla herido.

«Sofía, he recordado todo lo maravilloso que hemos vivido juntas. Fuiste mi mejor amiga, mi cómplice, mi hermana elegida. Cuando traicioné tu confianza, no solo rompí tu secreto: rompí años de amistad verdadera. Me duele saber que te hice daño cuando más me necesitabas. No puedo cambiar lo que hice, Sofía, pero sí puedo decirte algo que debería haberte dicho mucho antes: lo siento. Perdóname».

Así queda el cuento por dentro

Dos páginas del cuento tal y como se imprimen, con su dedicatoria y sus ilustraciones.

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; lo que os contéis después hace la otra mitad. Cinco preguntas para llevarlo a vuestra propia historia.

  1. ¿Hay una amistad tuya que se rompió y que todavía echas de menos?
  2. Clara tardó meses en dejar de justificarse. ¿Qué te dices a ti mismo cuando sabes que te has pasado?
  3. En la carta no hay ni un «pero». ¿Serías capaz de escribir una así?
  4. ¿Cuál es el recuerdo pequeño y tonto que mejor resume esa amistad?
  5. Si esa persona leyera hoy tu versión de la historia, ¿qué querrías que entendiera?

Esta historia, con los vuestros de protagonistas

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