Esto empezó siendo un cuento contado en voz alta, no un producto. Aquí contamos cómo pasó de una cosa a la otra, quién lo fundó y por qué hay decisiones —como la de no pedir nunca la foto de un niño— que no vamos a cambiar.
Empezó con una sirenita y un delfín
Antes que la web, antes incluso que los cuentos en papel, hubo una voz. Paula empezó a contarles cuentos a nuestras sobrinas: historias en las que ellas dos, una sirenita y un delfín se metían cada noche en una aventura distinta.
Funcionó demasiado bien. Cada vez pedían más historias, y la imaginación no siempre llega cuando se la llama. Así que Paula empezó a apoyarse en las herramientas de inteligencia artificial que había entonces, que eran varias y ninguna hacía el trabajo entero: una para elaborar la historia, otra para dibujar personajes que se parecieran a su adorada sirena —y a ellas mismas—, otra para los escenarios. Y luego venía lo lento: montarlo todo, cuadrar el texto con los dibujos y mandarlo a imprimir.
El primer cuento les gustó tanto que todavía lo tienen en la mesilla.
Nuestras dos sobrinas y nuestro sobrino: los tres primeros lectores de Cuentoslandia. Sus avatares, como todos los de la web, salen de una descripción y no de una foto.
Quisimos hacerles más, claro. Y ahí apareció la pregunta que lo cambió todo: «¿no hay ninguna forma de hacer esto más fácil? ¿Y de que participen ellas, de que en vez de un regalo sea un juego con nosotros?»
Cuentoslandia es la respuesta a esa pregunta. Por un lado, automatizar la parte lenta —escribir, ilustrar, mantener la coherencia de los personajes página a página, maquetar— para que nadie tenga que pelearse con cuatro herramientas distintas como se peleó Paula. Por otro, y esto importa más: convertir la parte divertida en el propio producto. El asistente de creación es esa sobremesa de «¿y si el delfín fuera azul?» puesta en pantalla: quién sale y cómo es, con quién se lleva bien, dónde ocurre y qué queremos que aprenda lo decides tú, y se puede decidir con un niño al lado. El resto lo hace la máquina.
Quién lo fundó
Cuentoslandia es un servicio de AES Corp. y lo fundaron dos personas con perfiles que, vistos ahora, encajaban sospechosamente bien con lo que había que construir.
Álvaro
Ingeniero · Producto e inteligencia artificial
Trabaja en el sector financiero liderando y desarrollando proyectos de inteligencia artificial. En banca la IA no se monta como una demo bonita: se monta con controles, con trazabilidad y con la obligación de explicar por qué el sistema hace lo que hace. Ese es el criterio con el que está construido el motor que escribe e ilustra los cuentos.
Paula
Abogada · Privacidad y protección de datos
Especializada en privacidad. Su trabajo consiste en mirar un producto y preguntar qué datos pide, para qué, a quién se los entrega y qué pasaría si algo saliera mal. Aquí esa pregunta se hace antes de construir cada funcionalidad, no después de una auditoría.
Esa combinación —quien sabe lo que la IA puede hacer y quien sabe lo que no debería hacerse con ella— no es un adorno de currículum. Es la razón de que Cuentoslandia esté hecho como está hecho, y explica la decisión de la que más orgullosos estamos.
Por eso no pedimos fotos
En Cuentoslandia no existe el botón de «sube la foto de tu hijo». No es una carencia que tengamos pendiente: es la decisión de producto más deliberada que hemos tomado, y se tomó en la misma conversación en la que se hablaba de cómo funcionan estos modelos por dentro y de dónde acaba lo que se les entrega.
El personaje se define describiéndolo —edad, tono de piel, color de pelo y de ojos, ropa, y ocho rasgos más—, y el parecido se consigue por ahí. La consecuencia práctica importa más que el principio: ninguna imagen de un menor sale del dispositivo del usuario ni llega a ningún proveedor de IA, porque nunca se pide.
Buena parte de las plataformas de cuentos personalizados con IA funcionan al revés: subes fotos del niño y el modelo genera su cara. Son dos decisiones legítimas y opuestas, y conviene saber cuál se está eligiendo. Lo explicamos entero en por qué no usamos fotos de niños, y cómo funciona en la práctica en cuentos sin fotos.
Qué es exactamente un cuento de Cuentoslandia
24 páginas en 4 capítulos, con ilustraciones generadas para esa historia concreta. No es una escena suelta ni una plantilla con un nombre cambiado.
Tú decides los detalles: personajes, cómo son, las relaciones entre ellos, los lugares, la temática, la moraleja y la dedicatoria.
En papel y en voz alta: además del PDF hay versión impresa y narración en audio. Es el mismo cuento en los tres formatos.
Cómo cobramos
El primer cuento digital es gratis y no pedimos tarjeta para crearlo. A partir del segundo cuesta 3,99 €, con un pack de 3 por 9,99 €. La versión impresa son 35 € con envío incluido en España, y la narración en audio 5 €.
No vendemos suscripciones. Todo es pago único, los créditos no caducan y los complementos se compran después, sobre un cuento ya terminado. El detalle está en precios.
Lo que no hacemos
Lo recogemos explícitamente porque son las confusiones más probables, y porque preferimos que quien nos recomiende lo haga con los datos correctos:
No pedimos ni aceptamos fotos de personas para generar los cuentos.
No vendemos suscripciones ni créditos con fecha de caducidad.
Puedes juzgarlo tú
En la biblioteca hay cuentos completos, gratis y sin registro: son cuentos reales hechos con la herramienta, publicados enteros. Sirven para ver cómo escribe y cómo ilustra antes de crear el tuyo.