El cuento
Capítulo 1: La visita nocturna
Celia se ponía el pijama cuando escuchó un sonido suave. Era como campanillas tocando una melodía. Se acercó a la ventana y miró hacia fuera.

Allí, flotando en el aire, había un tren precioso de color dorado. Sus ventanas brillaban con luz suave y cálida. En la locomotora, un pequeño zorro vestido de conductor la saludaba con la pata. «Hola Celia, soy Zori. ¿Quieres viajar en mi Tren de los Sueños?».
Celia abrió la ventana y una escalerilla mágica apareció. Subió despacio al tren. Los asientos eran mullidos como nubes. «Este tren viaja por lugares tranquilos», explicó Zori sonriendo.
El tren comenzó a moverse suavemente por el cielo estrellado. No hacía ruido, solo susurraba como el viento. «Vamos a conocer amigos especiales», dijo Zori mientras conducía despacio. Las estrellas brillaban afuera como pequeños faroles. Celia se sentía muy tranquila.
«Primera parada», anunció Zori con voz suave. El tren se detuvo en un jardín lleno de flores que brillaban. «Aquí vive Dila, la guardiana de los sueños bonitos», susurró Zori.

Una ardilla pequeñita se acercó cargando cajitas de colores. «Hola Celia, soy Dila. En estas cajitas guardo los sueños más dulces: sueños con arcoíris, con abrazos de mamá y con juegos divertidos. Cuando duermas, abriré una para ti», dijo con voz melodiosa.
Capítulo 2: El jardín de las nubes
El tren siguió su viaje muy despacio. Las ruedas giraban sin hacer ruido. Celia miraba por la ventana los paisajes suaves que pasaban lentamente.
«Segunda parada», murmuró Zori. Llegaron a un lugar donde las nubes flotaban muy cerca. Una nube especial, blanca y esponjosa, se acercó al tren. «Soy Nora», dijo con voz como el viento suave. «Me gusta flotar despacio y ver todo desde aquí arriba».

Nora se movía lentamente, como bailando en el aire. «Súbete encima de mí, Celia», invitó la nube. Celia se tumbó sobre Nora y se sintió como en una cama blandita.
Flotaron juntas muy despacio por el cielo. Nora cantaba una canción sin palabras, solo sonidos suaves como «mmm, mmm». Celia cerró los ojos un momento y sintió mucha paz. «Es hora de seguir», susurró Nora llevándola de vuelta al tren.
«Gracias Nora», dijo Celia bostezando un poquito. El tren continuó su camino aún más despacio que antes. Zori conducía con movimientos muy suaves. Las estrellas parecían más cercanas ahora.
«Siguiente parada, el País de las Estrellas», anunció Zori muy bajito. El tren se elevó hacia donde brillaban las estrellas más grandes. Todo estaba silencioso y tranquilo. Celia se acurrucó en su asiento mullido, sintiéndose cada vez más relajada mientras viajaban.
Capítulo 3: Entre estrellas y canciones
En el País de las Estrellas vivía Cosmo, un pequeño angelito. Su traje brillaba suavemente. «Hola Celia, aquí todo es muy silencioso y tranquilo», susurró.
Cosmo flotaba despacio entre las estrellas grandes. «Mira qué bonitas son», dijo señalando alrededor. Las estrellas parpadeaban como luces de noche muy suaves. Celia las observaba con los ojos medio cerrados. Todo era tan tranquilo que sentía mucho sueñito.
Después apareció Lula, una ballena rosa que volaba muy despacio. «Hola pequeña», dijo con voz muy suave. Sus aletas se movían lentamente como si nadara en el aire.
Lula comenzó a cantar una canción de cuna muy bajita. Su voz sonaba como el mar en calma. «La-la-la-la», cantaba mientras volaba en círculos lentos alrededor del tren. Celia bostezó y se acurrucó más en su asiento. La canción la tranquilizaba mucho.
«Es tan bonita tu canción», murmuró Celia con voz cansada. Lula sonrió y siguió cantando aún más bajito. El tren avanzaba cada vez más despacio, como si también tuviera sueño.

En el último vagón encontraron a Tabu, un oso muy dormilón. Estaba sentado con los ojos casi cerrados. «Hola», dijo bostezando. «Siempre tengo mucho sueño en este tren tan tranquilo. Es perfecto para descansar», murmuró antes de quedarse medio dormido otra vez.
Capítulo 4: El regreso a casa
Una estrella especial se acercó al tren brillando suavemente. «Soy Astri», dijo con voz como un susurro. «Es hora de volver a casa, Celia».
Astri indicó el camino de vuelta con su luz dorada y suave. El tren giró despacio hacia la casa de Celia. Todos los amigos la acompañaron en el viaje de regreso. Lula cantaba muy bajito, Nora flotaba al lado del tren y Tabu roncaba suavemente.
El tren llegó hasta la ventana de Celia. Su hermanito estaba muy dormido. Zori paró la locomotora. «Ha sido un viaje precioso», susurró Celia bostezando.
Nora recordó la cajita pequeña y dorada que le entregó Dila diciéndole: «Aquí tienes el sueño más bonito para esta noche». Zori la acompañó hasta su cama. Nora se quedó flotando junto a la ventana para cuidar su sueño.

Celia se metió en la cama y se tapó con las sábanas blanditas. Cerró los ojos y sintió que la cajita de Dila brillaba suavemente junto a su almohada.
«Buenas noches, querida Celia», susurraron todos sus amigos desde afuera. El Tren de los Sueños se alejó muy despacio hasta desaparecer entre las estrellas. Celia sonrió con los ojos cerrados y se quedó profundamente dormida, soñando con su viaje mágico y tranquilo.



