El Mejor Partido de Baloncesto: la Lección de Fifo

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Mañana el equipo Azulón juega contra las Panteras Rojas, que son más altas y meten canastas desde muy lejos. Fifo, el pingüino mascota, prepara un entrenamiento raro: pasarse el balón con los ojos vendados, guiándose solo por la voz de las demás.

Qué aprende con este cuento

Que confiar en quien tienes al lado vale más que ser la más alta de la cancha

El cuento

Capítulo 1: El equipo Azulón

María corría por la cancha con el balón entre sus manos. Sus compañeras Carla, Jimena, Lucía y Fayna la seguían de cerca. El equipo Azulón entrenaba cada tarde en el polideportivo del barrio.

Ceci, la entrenadora, observa el entrenamiento desde la banda con el silbato al cuello mientras las jugadoras botan al fondo

Ceci, su entrenadora, observaba desde la banda con atención. Era una chica alegre que siempre animaba a las jugadoras. A su lado, Fifo el pingüino movía sus aletas emocionado. La mascota del equipo llevaba una camiseta azul con el número siete bordado en dorado.

«Chicas, mañana tenemos el partido más importante del año», anunció Ceci tocando su silbato. «Jugamos contra las Panteras Rojas». Todas las niñas se miraron nerviosas. Era el equipo más fuerte de la liga infantil.

Fifo se acercó dando saltitos hasta el centro de la cancha. «No os preocupéis, amigas. Los partidos no se ganan solo con fuerza», dijo moviendo su pico con sabiduría. «Se ganan con trabajo en equipo y mucho corazón». Las niñas sonrieron al escuchar a su querida mascota.

María frunció el ceño preocupada. «Pero Fifo, ellas son mucho más altas que nosotras. Siempre meten canasta desde muy lejos». Sus compañeras asintieron con la cabeza. Carla suspiró profundamente mientras botaba la pelota contra el suelo de madera.

«Eso no importa nada», respondió Fifo guiñando un ojo. «Recordad que los pingüinos somos pequeños pero nadamos mejor que las ballenas. El secreto está en entrenar juntos y nunca rendirse». Ceci aplaudió las palabras de Fifo. «Tiene razón. Vamos a practicar los pases una vez más».

Capítulo 2: Un entrenamiento especial

Al día siguiente, las chicas llegaron temprano al polideportivo. Fifo ya estaba allí, preparando unos conos naranjas en la cancha. «Hoy haremos algo diferente», anunció con una sonrisa traviesa en su pico negro.

Fifo, el pingüino con lazo azul, coloca conos naranjas en el suelo de la cancha vacía

Ceci apareció cargando una caja misteriosa. «Fifo ha preparado un entrenamiento especial para vosotras», explicó abriendo la caja lentamente. Dentro había vendas para los ojos, cuerdas de saltar y pelotas de diferentes tamaños. Las niñas se miraron extrañadas pero curiosas por la sorpresa que les esperaba.

«Primero, vamos a jugar con los ojos vendados», dijo Fifo. «Tendréis que pasar la pelota solo escuchando las voces de vuestras compañeras». María se ató la venda nerviosa. Era muy difícil jugar sin ver nada.

Una jugadora se ajusta una venda azul sobre los ojos en el centro de la cancha, entre dos canastas

Al principio, las pelotas volaban en todas las direcciones. Carla lanzó el balón hacia donde creía que estaba Jimena, pero acabó en la grada. Todas se echaron a reír. Poco a poco, empezaron a comunicarse mejor. «Aquí, Lucía», gritaba Fayna. «Te escucho», respondía su amiga acercándose al sonido.

Después practicaron saltar la cuerda todas juntas. «Uno, dos, tres, saltad», cantaba Fifo marcando el ritmo. Era complicado coordinar los saltos, pero cuando lo conseguían, se sentían como una verdadera familia. La confianza crecía entre ellas.

«Ahora entiendo lo que querías enseñarnos», dijo María quitándose la venda. «Hemos aprendido a confiar las unas en las otras sin mirar». Fifo asintió orgulloso. «Exacto. En el partido de mañana, cuando las cosas se pongan difíciles, recordad esta sensación de trabajar juntas como un solo corazón».

Capítulo 3: El gran partido

El día del partido llegó con un sol radiante. El pabellón se llenó de familias y amigos. Las Panteras Rojas calentaban en su mitad de cancha. Eran realmente altas y fuertes como había dicho María.

Ceci reúne a sus jugadoras en un abrazo de grupo en el vestuario, con las camisetas azules colgadas detrás

En el vestuario, las chicas del Azulón se ponían sus camisetas con manos temblorosas. Ceci las reunió en círculo. «Recordad todo lo que habéis aprendido», les susurró con cariño. Fifo apareció con una bufanda azul alrededor de su cuello. «Vamos allá, campeonas. Es hora de brillar juntas», dijo inflando el pecho.

El partido comenzó mal para el equipo Azulón. Las Panteras metieron tres canastas seguidas. María falló dos tiros libres y Carla perdió el balón dos veces. Al finalizar el primer cuarto iban perdiendo por diez puntos.

Durante el descanso, Fifo se acercó a las niñas que estaban muy desanimadas. «Mirad, amigas», dijo señalando a las gradas. «Toda esa gente ha venido a veros jugar. No porque seáis las mejores, sino porque sois valientes». Sus palabras llegaron al corazón de cada una de las jugadoras del Azulón.

«Fifo tiene razón», añadió María secándose el sudor de la frente. «No importa el marcador. Vamos a jugar como sabemos, ayudándonos siempre». Las cinco chicas juntaron sus manos en el centro del círculo. «Azulón, Azulón», gritaron todas a la vez.

El segundo cuarto fue completamente diferente. Jimena pasó la pelota a Lucía sin mirar, igual que habían practicado con los ojos vendados. Fayna robó dos balones y María metió su primera canasta del partido. Las Panteras ya no parecían tan intimidantes. El marcador se igualó rápidamente con gran emoción.

Capítulo 4: La verdadera victoria

Los últimos minutos del partido fueron muy emocionantes. Ambos equipos estaban empatados. Las gradas rugían de emoción. Fifo saltaba nervioso en la banda, moviendo sus aletas para animar a sus chicas del corazón.

Con solo diez segundos en el reloj, Carla tuvo la pelota en sus manos. Era su oportunidad de meter la canasta de la victoria. Las Panteras la rodearon rápidamente, pero ella recordó las palabras de Fifo sobre el trabajo en equipo. En lugar de lanzar sola, buscó a una compañera libre.

María estaba completamente sola bajo la canasta. Carla le pasó el balón con precisión. María respiró hondo, se concentró y lanzó suavemente. La pelota describió una parábola perfecta en el aire y entró limpiamente en la canasta.

María sostiene el balón en el centro de la cancha rodeada de compañeras y rivales que aplauden entre confeti

El público estalló en aplausos ensordecedores. Las chicas del Azulón se abrazaron en el centro de la cancha, saltando de alegría. Habían ganado el partido por dos puntos. Ceci corrió hacia ellas con lágrimas de felicidad en los ojos. Era un momento mágico que recordarían para siempre en sus corazones.

Pero la mayor sorpresa llegó cuando las capitanas de las Panteras se acercaron a felicitarlas. «Habéis jugado como verdaderas campeonas», dijeron con sincera admiración. «Nunca habíamos visto un equipo tan unido como el vuestro». María sonrió agradecida por sus palabras tan generosas.

Fifo reunió a todas las chicas para una última charla. «Habéis ganado algo más importante que un partido», les dijo con orgullo. «Habéis demostrado que cuando trabajáis juntas, respetándoos y ayudándoos, podéis conseguir cualquier cosa que os propongáis. Esa es la verdadera victoria del deporte y de la vida». Las niñas asintieron comprendiendo perfectamente el mensaje.

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; la conversación de después hace la otra mitad. Cinco preguntas para leer juntos al terminar.

  1. María dice que las rivales son mucho más altas. ¿Alguna vez has pensado que no podrías con algo antes de intentarlo?
  2. Fifo recuerda que los pingüinos son pequeños pero nadan mejor que las ballenas. ¿En qué eres bueno tú que no se ve a simple vista?
  3. En el entrenamiento se pasan el balón con los ojos vendados, guiándose solo por la voz. ¿En quién confiarías tú con los ojos cerrados?
  4. Con diez segundos en el reloj, Carla podía tirar sola y prefiere pasar el balón. ¿Qué habrías hecho tú?
  5. Las capitanas rivales se acercan a felicitarlas. ¿Cómo te gusta que te feliciten cuando ganas y cuando pierdes?

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