Hermanos, No Rivales

  • Cuento gratis
  • 6 a 8 años
  • Familia
  • 5 min de lectura

En casa de Clara siempre es Hugo: sus notas, sus goles, sus proyectos. Un búho que solo habla con ella le enseña a separar tres cosas —lo que siente, lo que piensa y lo que sabe de verdad— justo antes de que los celos le hagan decir algo de lo que se arrepiente.

Qué aprende con este cuento

Que sentir celos no te hace mala persona, y que no hay que apagar una luz para encender otra

El cuento

Capítulo 1: Los elogios de siempre

Una niña se queda parada en el marco de una puerta, mirando hacia una habitación iluminada donde otros juegan al fondo

Clara observaba desde la puerta de la cocina. Hugo mostraba su examen de matemáticas a papá. «Perfecto otra vez», decía papá sonriendo. Clara sintió algo extraño en el pecho.

«Estoy muy orgulloso de ti, Hugo», añadió mamá abrazándolo. Clara intentó sonreír, pero no pudo. Siempre era igual. Hugo sacaba buenas notas, Hugo era responsable, Hugo hacía todo bien. Ella se quedó allí, mirando desde la puerta. Sus padres ni siquiera la habían visto. Se sintió invisible y triste.

Clara subió a su habitación despacio. Se tumbó en la cama y cerró los ojos. «A Hugo siempre le dicen que lo hace genial», pensó. «Papá está más orgulloso de él que de mí».

De repente, escuchó un sonido suave. Un búho estaba en la ventana. Era grande, con plumas grises y ojos amables. «Hola, Clara», dijo con voz tranquila. «Me llamo Búho y creo que tienes el corazón un poco revuelto». Clara se incorporó sorprendida. «¿Puedes hablar?». «Solo contigo», susurró él sonriendo.

«Me siento rara cuando felicitan a Hugo», confesó Clara. «Es normal», respondió Búho. «Eso que sientes se llama celos. No es malo sentirlos, pero sí debemos entenderlos». Clara se acercó a la ventana.

«Los celos aparecen cuando creemos que alguien tiene algo que nosotros queremos», explicó Búho suavemente. «Pero sentir celos no significa que seas mala persona. Significa que eres humana. Vamos a aprender juntos qué hacer con esos sentimientos tan fuertes que tienes». Clara asintió, sintiendo que por fin alguien la comprendía.

Capítulo 2: La competición del corazón

Al día siguiente, Hugo ganó un partido de fútbol. Papá gritaba emocionado desde las gradas. Clara sintió otra vez esa sensación molesta en el estómago.

Una niña avanza sola por un pasillo en penumbra sujetando un dibujo con las dos manos

En casa, papá no paraba de hablar del gol de Hugo. «Fue increíble cómo esquivaste al defensa», decía emocionado. Mamá preparaba su merienda favorita para celebrarlo. Clara intentó mostrar su dibujo nuevo, pero nadie parecía verla. Se fue a su cuarto sintiéndose pequeña e ignorada.

Búho apareció de nuevo en la ventana. «Veo que los celos han vuelto», observó con cariño. Clara asintió tristemente. «Siempre es Hugo el que brilla», susurró.

Un búho de plumas grises posado en el alféizar de una ventana abierta, con la luna llena y las ramas de un árbol al fondo

«Te voy a enseñar algo muy útil», dijo Búho posándose en el alféizar. «Cuando sientes celos, puedes separar tres cosas: lo que sientes, lo que piensas y lo que realmente sabes». Clara lo miró curiosa. «¿Cómo funciona eso?», preguntó. «Es más fácil de lo que parece», sonrió él.

«Ahora mismo, ¿qué sientes?», preguntó Búho. «Estoy celosa y triste», admitió Clara. «¿Qué piensas?». «Que Hugo es mejor que yo». «¿Y qué sabes realmente?». Clara reflexionó un momento.

«Sé que Hugo ha jugado bien al fútbol», dijo Clara despacio. «Pero eso no significa que yo sea peor ni que mis padres me quieran menos». Búho asintió orgulloso. «Exacto. Hugo puede brillar y tú también puedes brillar. No hay que apagar una luz para encender otra».

Capítulo 3: Palabras que duelen

Una niña grita enfadada en la mesa de la cena mientras su hermano, sentado enfrente, la mira asustado con la cuchara en la mano

Durante la cena, mamá volvió a elogiar las notas de Hugo. Clara no pudo más y gritó: «¡Siempre es Hugo! ¡Yo nunca hago nada bien!».

Todos se quedaron callados. Hugo parecía confundido y herido. «Clara, eso no es verdad», dijo mamá sorprendida. Pero Clara ya había salido corriendo hacia su habitación. Se tiró en la cama llorando. Había sido muy cruel con Hugo y ahora se sentía aún peor.

Búho llegó enseguida. «Has dicho algo que ha dolido a Hugo», observó con suavidad. Clara se secó las lágrimas. «Lo sé. Me siento horrible», gimió.

«Los celos a veces nos hacen decir cosas que no queremos decir», explicó Búho. «Pero herir a otros no hace que nuestro dolor desaparezca. Al contrario, nos hace sentir peor». Clara asintió arrepentida. Sabía que tenía que hablar con Hugo, pero le daba vergüenza reconocer su error.

Poco después, Hugo llamó suavemente a la puerta. «Clara, ¿puedo pasar?». Ella abrió despacio. Hugo parecía triste. «No entiendo por qué estás enfadada conmigo», murmuró. Clara respiró hondo.

«No estoy enfadada contigo», admitió Clara. «Estoy celosa porque siempre te felicitan y a mí me parece que nadie me ve. Pero no debería haberte gritado». Hugo la abrazó. «Yo sí te veo, Clara. Eres mi hermana favorita». Ella sonrió por primera vez en días.

Capítulo 4: La luz de cada uno

Al día siguiente, papá encontró a Clara dibujando en el jardín. Se sentó a su lado y observó atentamente su obra.

«Este dibujo es extraordinario», dijo papá con asombro genuino. «Tienes una imaginación increíble, Clara». Ella levantó la mirada sorprendida. Papá siguió admirando los colores y las formas. «Nunca había visto un unicornio tan hermoso». Clara sonrió tímidamente, sintiendo que su corazón se llenaba de calidez.

Mamá se acercó también. «Clara, eres muy talentosa», dijo abrazándola. «Me encanta cómo mezclas los colores. Cada dibujo tuyo me sorprende». Clara se sintió especial.

Un niño se lleva las manos a la cabeza, frustrado ante un escritorio lleno de matraces, cables y libros abiertos, bajo la luz de un flexo

Esa tarde, Hugo tenía dificultades con un proyecto de ciencias. Clara lo vio frustrado en su escritorio. «No consigo que funcione», suspiró él. Clara se acercó tímidamente. «Quizás puedo ayudarte», ofreció. Juntos consiguieron que el experimento saliera perfecto. Hugo la abrazó agradecido.

«Eres muy inteligente para resolver problemas», le dijo Hugo sonriendo. Clara se dio cuenta de que su hermano también tenía dificultades a veces. No era perfecto, solo era bueno en algunas cosas.

Búho apareció por última vez esa noche. «Has aprendido algo muy importante», dijo orgulloso. «Que tu hermano brille no apaga tu luz. Él tiene sus talentos, tú tienes los tuyos y el amor de mamá y papá tiene sitio para los dos». Clara sonrió, sintiéndose finalmente en paz consigo misma.

Así queda el cuento por dentro

Dos páginas del cuento tal y como quedan maquetadas, con sus ilustraciones.

Doble página de «Hermanos, No Rivales»Doble página de «Hermanos, No Rivales»

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; la conversación de después hace la otra mitad. Cinco preguntas para leer juntos al terminar.

  1. Clara dice que se siente invisible cuando felicitan a Hugo. ¿Te ha pasado alguna vez estar delante y sentir que nadie te veía?
  2. Búho le pide separar lo que siente, lo que piensa y lo que sabe de verdad. Prueba tú: ¿qué sientes, qué piensas y qué sabes?
  3. Clara gritó «¡yo nunca hago nada bien!» y luego se sintió peor. ¿Por qué crees que hacer daño no quita el dolor?
  4. A Clara le daba vergüenza reconocer su error. ¿Qué es lo que más te cuesta a ti decir en voz alta?
  5. Al final Clara ayuda a Hugo con su proyecto. ¿En qué eres bueno tú que podría ayudar a alguien de tu familia?

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