Palabras Mágicas: Perdón

  • Cuento gratis
  • 3 a 5 años
  • Valores
  • 6 min de lectura

David salta demasiado alto, tira a Carol al suelo y el globo rosa acaba enganchado en un árbol. Un duende llamado Pipo le explica que hay una palabra que repara corazones, pero solo si sale del sitio correcto.

Qué aprende con este cuento

Que pedir perdón de verdad incluye arreglar lo que se rompió

El cuento

Capítulo 1: El día de los globos

David corría por el parque con su sonrisa traviesa. Sus amigos Juan, Marcela y Carol le seguían entre risas. Era sábado y mamá había traído globos de colores para jugar. El sol brillaba y todo parecía perfecto para una tarde divertida.

Un niño corre sonriente por la hierba de un parque lleno de árboles

Los cuatro amigos formaron un círculo en la hierba verde. Mamá repartió los globos: uno rojo para David, azul para Juan, amarillo para Marcela y rosa para Carol. «Vamos a jugar a no dejar caer los globos al suelo», propuso Marcela con su voz dulce. Todos aplaudieron emocionados. David saltaba impaciente, deseando empezar el juego cuanto antes.

El juego comenzó con alegría. Los globos volaban de un lado a otro. David golpeaba su globo rojo con fuerza. Juan movía el suyo con cuidado, pensando cada movimiento. Carol sonreía tímida mientras tocaba suavemente su globo rosa. Todo marchaba bien hasta que David se emocionó demasiado.

Una niña sentada en el césped llora mientras su globo rosa queda enganchado en la rama de un árbol

De repente, David dio un salto muy alto para alcanzar su globo. Sin darse cuenta, chocó contra Carol. La niña cayó al suelo y su globo rosa voló lejos, enganchándose en una rama alta. Carol se quedó quieta, con los ojos brillantes de lágrimas. «Mi globo», susurró con voz temblorosa. Los demás se callaron.

David se quedó parado, mirando a Carol en el suelo. Su corazón latía muy rápido. Juan y Marcela ayudaron a Carol a levantarse. «Ha sido sin querer», murmuró David, pero las palabras sonaban pequeñas. Carol se limpiaba las lágrimas mientras miraba su globo en la rama. David sintió algo extraño en el estómago.

Mamá se acercó despacio y miró la situación. «A veces nuestro entusiasmo puede lastimar a otros sin querer», dijo con voz suave. David bajó la cabeza, sintiéndose confundido. No había querido hacer daño a Carol, pero ella estaba triste por su culpa. El parque ya no parecía tan divertido. Los globos habían perdido su magia de alguna manera.

Capítulo 2: Aparece un amigo especial

Un niño se sienta cabizbajo bajo un árbol grande en un parque en pendiente

David se alejó un poco del grupo, sintiendo un nudo en la garganta. Se sentó bajo un árbol grande y suspiró. De pronto, escuchó una risita pequeña. Un duende con gorrito rojo apareció entre las hojas, sonriendo con ojos brillantes.

«Hola, David», dijo el duendecillo con voz alegre. «Soy Pipo. Veo que tienes un nudo que desenredar». David parpadeó sorprendido. «¿Cómo sabes mi nombre?», preguntó. Pipo se sentó en una rama baja, balanceando sus piernas diminutas. «Aparezco cuando los amigos se enredan. Y tú y Carol os habéis enredado sin querer, ¿verdad?».

David asintió despacio. «No quería hacerle daño», confesó. «Solo quería jugar». Pipo sonrió comprensivo. «Lo sé. Pero Carol está triste, ¿has visto?». David miró hacia donde estaba su amiga. Ella seguía mirando su globo perdido en la rama alta, muy callada.

«Un nudo con cariño siempre se desenreda», cantó Pipo dando una pequeña voltereta. «¿Cómo crees que se siente Carol ahora?», preguntó el duende con suavidad. David pensó un momento. «Triste. Y puede que enfadada conmigo». Pipo asintió. «¿Qué podrías hacer para ayudarla a sentirse mejor?». David se rascó la cabeza, reflexionando.

«Podría… podría decirle algo», murmuró David. «Pero no sé qué». Pipo saltó a otra rama. «Hay una palabra muy especial que ayuda mucho cuando lastimamos a alguien sin querer. ¿Sabes cuál es?». David pensó en todas las palabras que conocía. Algunas sonaban importantes, otras divertidas.

«No estoy seguro», admitió David. Pipo le guiñó un ojo. «Es una palabra mágica que puede reparar corazones heridos. Empieza por pe… y termina en ón». David abrió los ojos grandes. «¿Perdón?», susurró. Pipo aplaudió contento. «Exacto. Pero esa palabra solo funciona si sale del corazón de verdad». David sintió que algo se movía dentro de él.

Capítulo 3: El valor de las palabras sinceras

David miró a Pipo con curiosidad. «¿Cómo sé si sale del corazón?», preguntó. El duende señaló su pecho. «Cuando sientes aquí adentro que quieres que tu amiga esté bien otra vez. Cuando te importa más su sonrisa que tener razón».

David puso su mano en el pecho y sintió su corazón latiendo fuerte. Pensó en la sonrisa de Carol cuando jugaban juntos. Recordó cómo ella le había prestado sus colores el martes. Y cómo siempre le guardaba sitio en el recreo. «Sí», dijo David despacio. «Quiero que esté bien. De verdad quiero».

Pipo sonrió grande. «Entonces ya tienes la palabra mágica lista. Pero recuerda: cuando pides perdón, también es importante pensar en cómo puedes reparar el daño». David frunció el ceño. «¿Reparar?». «Hacer algo para arreglar lo que se rompió», explicó Pipo pacientemente.

David miró el globo rosa de Carol, todavía enganchado en la rama alta. «Su globo está ahí arriba. Podría intentar bajarlo». Pipo asintió animado. «Esa es una buena idea. ¿Qué más podrías hacer?». David pensó más. «Podría… podría darle mi globo rojo. Para que pueda seguir jugando con nosotros». Su corazón se sentía más ligero.

«Muy bien pensado», celebró Pipo. «Ahora tienes todo lo que necesitas: la palabra mágica del corazón y una forma de reparar. ¿Te sientes preparado?». David respiró hondo. Sentía mariposas en el estómago, pero también una extraña valentía. «Sí. Voy a intentarlo», dijo con determinación.

Pipo le dio una palmadita cariñosa en el hombro. «Un nudo con cariño siempre se desenreda», repitió con una sonrisa. «Yo estaré aquí cerca, pero esto lo tienes que hacer tú solito. Es tu momento valiente». David asintió, se levantó y caminó despacio hacia donde estaban sus amigos. Su corazón latía fuerte pero decidido.

Capítulo 4: La magia del perdón

David se acercó a Carol, que seguía sentada en silencio. Juan y Marcela la acompañaban. «Carol», dijo David con voz suave. «Tengo que decirte algo importante». Carol levantó la vista. Sus ojos todavía estaban un poco tristes.

David se sentó frente a ella y respiró hondo. «Carol, perdón. Perdón por chocarte y hacer que perdieras tu globo». Las palabras salían directas de su corazón. «No quería hacerte daño, pero lo hice. Y me siento muy mal por eso». Carol parpadeó sorprendida. Juan y Marcela también escuchaban atentos.

Un niño salta una y otra vez junto al árbol intentando alcanzar el globo enganchado en una rama

«Y quiero repararlo», continuó David. Se levantó y caminó hacia el árbol. Saltó una vez, dos veces, tres veces, intentando alcanzar el globo rosa. En el cuarto salto, logró tocarlo con las puntas de los dedos. El globo se liberó suavemente.

Un niño entrega un caramelo a una niña que sonríe, los dos de pie en el aula

David atrapó el globo rosa y se lo entregó a Carol con una sonrisa tímida. «Tu globo», dijo. Luego le extendió también su globo rojo con un caramelo. «También puedes tener el mío, si quieres. Para que tengas dos». Carol miró los globos y luego a David. Una sonrisa pequeña apareció en su cara.

«Gracias, David», dijo Carol con voz suave. «Acepto tu perdón y el caramelo. Y me quedo con mi globo rosa, pero el rojo es tuyo». David sintió como si un peso gigante se hubiera quitado de sus hombros. Juan y Marcela sonrieron aliviados. «¿Jugamos otra vez?», propuso Marcela.

Los cuatro amigos se levantaron y formaron el círculo otra vez. Esta vez, David jugó con más cuidado, pero sin perder su alegría. Entre las hojas del árbol, Pipo observaba con satisfacción. Dio una voltereta feliz y desapareció con una risita. El sol brillaba y los globos volvían a volar llenos de magia. Los corazones estaban en paz.

Así queda el cuento por dentro

Dos páginas del cuento tal y como quedan maquetadas, con sus ilustraciones.

Doble página de «Palabras Mágicas: Perdón»Doble página de «Palabras Mágicas: Perdón»

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; la conversación de después hace la otra mitad. Cinco preguntas para leer juntos al terminar.

  1. David no quería hacer daño, pero lo hizo. ¿Sirve de algo decir «ha sido sin querer»?
  2. Pipo le pregunta cómo se siente Carol. ¿Por qué crees que empieza por ahí?
  3. Dice que la palabra solo funciona si sale del corazón. ¿Cómo se nota un perdón de verdad?
  4. David además baja el globo y le ofrece el suyo. ¿Qué es reparar, además de pedir perdón?
  5. Carol acepta el perdón pero se queda con su globo rosa. ¿Por qué crees que lo hizo?

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