Lola y el Mundo Mágico del Hospital

  • Cuento gratis
  • 3 a 5 años
  • Emociones
  • 5 min de lectura

A Lola el bichito travieso le ha quitado el pelo y las fuerzas. Comparte habitación con María y una tarde la abuela les cuenta un secreto: a las cinco en punto, si dices las palabras adecuadas, este hospital se convierte en otro sitio.

Qué aprende con este cuento

Que las máquinas que pitan cuidan, y que la valentía no es no tener miedo sino encontrar magia donde estás

El cuento

Capítulo 1: El secreto de la abuela

Una niña sin pelo se acurruca abrazada a su madre en una cama de hospital, con la ciudad al otro lado de la ventana

Lola se acurrucó junto a mamá en la cama del hospital. El bichito travieso le había quitado fuerzas otra vez. Su cabecita sin pelo brillaba suavemente bajo la luz. Papá sonrió desde la silla.

La habitación blanca se llenó de risas cuando llegó la abuela con su bolso misterioso. Sacó galletas caseras y un libro de cuentos. Lola compartía la habitación con María, una niña alegre de pelo castaño. Ambas escuchaban atentas las historias de la abuela. Las enfermeras pasaban silenciosas por el pasillo.

De pronto, mamá miró el reloj y susurró algo extraño. «A las cinco en punto sucede algo especial aquí». Sus ojos brillaron con picardía. Lola y María se miraron curiosas. ¿Qué secreto guardaba el hospital?

«Abuela, ¿qué pasa a las cinco?», preguntó Lola cuando mamá salía de la habitación. La abuela sonrió misteriosamente y se acercó. «Existe un mundo mágico en este hospital, pequeña. Pero solo aparece para quienes conocen las palabras secretas.» María saltó emocionada desde su cama. Las niñas se acercaron más.

La abuela les enseñó las palabras mágicas en voz muy baja. «Chispa de luz, fuego brillante, cuerno dorado, ¡hospital encantado!» Lola y María las repitieron juntas. El reloj marcaba las cuatro y media. Sus corazones latían de emoción esperando el momento especial.

Cuando el reloj dio las cinco campanadas, algo increíble comenzó a suceder. Las paredes blancas empezaron a brillar con colores suaves. Mamá y papá no parecían darse cuenta de nada extraño. Solo Lola y María veían las lucecitas doradas que bailaban por toda la habitación del hospital.

Capítulo 2: Los nuevos amigos mágicos

Una pequeña figura apareció flotando cerca de la ventana. Tenía sombrero puntiagudo y túnica estrellada. «Soy Chispa», dijo con voz musical. «Bienvenidas al mundo mágico del hospital, niñas valientes.»

Una figura con gorro amarillo agita una varita en una habitación de hospital, acompañada de un unicornio morado y una criatura rosa

Chispa agitó su varita y dos criaturas más aparecieron. Flami era un dragón naranja que echaba purpurina por la nariz. Destello, un unicornio bebé con cuerno plateado, trotaba alegremente. «Venimos a jugar con vosotras», dijeron a coro. Lola aplaudió encantada desde su cama.

«Pero hay alguien más especial que conocer», anunció Chispa. Una princesa apareció con una corona brillante. «Hola, soy la Princesa Ana. Cuido de todos los niños del hospital.» Su corona resplandecía suavemente.

La Princesa Ana se acercó a Lola con una sonrisa cálida. «Veo que tienes una cabecita muy bonita, como la mía cuando era pequeña.» Se quitó la corona, mostrando su pelo corto y brillante. «Lo importante está aquí dentro», dijo tocándose el corazón. Lola se sintió comprendida.

Flami se posó en la cama de María. «Nosotros también estamos aquí por algo especial», explicó el dragoncito. «Chispa tuvo que aprender magia en el hospital. Destello nació aquí. Todos encontramos algo maravilloso en este lugar.»

«Este hospital es nuestro hogar mágico», continuó la Princesa Ana. «Aquí aprendimos que la verdadera fuerza viene de adentro. Las medicinas nos ayudan, pero la alegría nos hace más fuertes.» Destello relinchó suavemente. Lola sintió una calidez especial en su pecho, diferente al cansancio del bichito.

Capítulo 3: Aventuras por el hospital encantado

Chispa invitó a las niñas a recorrer el hospital mágico. Lola tomó la mano de María. Juntas salieron de la habitación siguiendo a sus nuevos amigos fantásticos por pasillos que brillaban.

Una figura con gorro amarillo y escoba avanza por un pasillo de hospital iluminado, dejando un rastro de chispas de colores

El pasillo se había transformado en un sendero de cristales de colores. Destello galopaba adelante, dejando huellas doradas. Flami volaba haciendo piruetas y lanzando estrellitas. «Mirad», dijo Chispa señalando las puertas. Cada habitación tenía dibujos mágicos que contaban historias de niños valientes como ellas.

En la sala de juegos encontraron otros niños jugando. Algunos tenían tubitos en el brazo, otros caminaban despacio. Pero todos reían y compartían. «Los niños del hospital somos especiales», susurró María.

Una niña con corona y vestido blanco extiende los brazos en una biblioteca enorme mientras los libros vuelan a su alrededor

La Princesa Ana les mostró la biblioteca encantada. Los libros volaban abriendo sus páginas para contar cuentos por sí solos. «Aquí los sueños cobran vida», explicó. Lola vio un cuento sobre una niña valiente que vencía dragones malvados. Se reconoció en la protagonista de pelo dorado.

Llegaron al jardín secreto en la azotea. Flores de papel crecían entre aparatos que zumbaban suavemente. «Estas máquinas cuidan de vosotras», explicó Destello. «Son como jardineros mágicos que ayudan a crecer a las flores más bonitas.»

Flami se acercó a una máquina que pitaba rítmicamente. «Esta canta canciones de cuna para que los niños descansen mejor.» Lola ya no sintió miedo de los sonidos del hospital. Eran música de ayuda, como los hechizos de Chispa. María tomó su mano y sonrieron juntas.

Capítulo 4: La magia de ser valiente

Era hora de regresar a la habitación. El mundo mágico comenzaba a desvanecerse lentamente. Chispa, Flami, Destello y la Princesa Ana rodearon a las niñas para despedirse con alegría.

«Recordad siempre», dijo la Princesa Ana, «que la verdadera magia está dentro de vosotras. Vuestros corazones valientes pueden convertir cualquier lugar en uno especial.» Chispa añadió: «Mañana a las cinco volveremos. Siempre estaremos aquí para las niñas que creen en la magia». Las criaturas se desvanecieron suavemente.

Lola y María se quedaron en sus camas, con los ojos brillantes de emoción. Mamá y papá regresaron sin saber nada del mundo mágico. «Parecéis muy contentas», dijo mamá.

«Hemos descubierto algo maravilloso», respondió Lola abrazando a mamá. Ya no pensaba solo en el bichito que la cansaba. Pensaba en sus amigos mágicos, en María, en las aventuras que vivirían. El hospital ya no le parecía un lugar triste, sino lleno de posibilidades.

Esa noche, mientras papá le leía un cuento, Lola acarició su cabecita. Se sentía bonita y especial como le había dicho la Princesa Ana. María susurró desde su cama: «Mañana a las cinco».

Una niña sin pelo duerme sonriente en la cama del hospital, con un osito de peluche y plantas en la ventana

Lola cerró los ojos sonriendo. Sabía que el bichito se iría pronto gracias a las medicinas. Pero también sabía que había encontrado algo más valioso: amigos verdaderos y la certeza de que siempre podía encontrar magia cuando miraba con los ojos del corazón. El hospital se había convertido en su hogar de aventuras.

Así queda el cuento por dentro

Dos páginas del cuento tal y como quedan maquetadas, con sus ilustraciones.

Doble página de «Lola y el Mundo Mágico del Hospital»Doble página de «Lola y el Mundo Mágico del Hospital»

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; la conversación de después hace la otra mitad. Cinco preguntas para leer juntos al terminar.

  1. La abuela llega con un bolso misterioso, galletas caseras y un libro de cuentos. ¿Qué te gustaría que te trajeran a ti si estuvieras malito?
  2. Lola y María comparten habitación y se hacen amigas enseguida. ¿Cómo empiezas tú a hablar con alguien que acabas de conocer?
  3. La Princesa Ana se quita la corona y le enseña a Lola su pelo corto. ¿Por qué crees que eso hizo sentir mejor a Lola?
  4. Al final del cuento, las máquinas que pitaban ya no le dan miedo: son «música de ayuda». ¿Qué cosa te daba miedo y ahora ya no?
  5. María susurra desde su cama: «Mañana a las cinco». ¿Qué es lo que te hace tener ganas de que llegue mañana?

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