El cuento
Capítulo 1: Mariposas en la tripa
Juan se despertó muy temprano. Elena, su mamá, le preparó el desayuno favorito. «Hoy empiezas el colegio, cariño», dijo con una sonrisa. Juan tocó su mochila nueva y sintió mariposas en la tripa.

«Mamá, ¿y si no me gustan los otros niños?», preguntó Juan mientras se ponía las gafas azules. Elena le dio un abrazo fuerte. «Seguro que hay niños tan nerviosos como tú. Todos estáis empezando juntos. Será una aventura preciosa, ya verás cómo al final te encanta», le susurró.
En casa de Marcela, Andrés preparaba tostadas con mermelada. «Papá, tengo el corazón muy rápido», dijo ella tocándose el pecho. «Es normal, pequeña. Significa que algo importante va a pasar», respondió Andrés con cariño.
David saltaba por su habitación con energía, pero por dentro se sentía raro. Su mamá le preguntó qué pasaba. «No sé si sabré hacer amigos aquí», confesó. «Eres muy alegre, seguro que sí. Además, todos los niños quieren conocer gente nueva el primer día», le animó.
Tom abrazaba fuerte a Coco, su osito de peluche. El peluche se había puesto azul, como cuando Tom estaba preocupado. «¿Podré llevar a Coco conmigo?», preguntó a su papá. «Por supuesto, te acompañará en esta aventura tan especial», le respondió.
Los cuatro niños caminaron hacia el Colegio los Almendros con sus familias. Todos llevaban mochilas nuevas y caras de nervios. Juan ajustó sus gafas, Marcela se colocó bien su vestido amarillo, David respiró hondo y Tom apretó a Coco. «Aquí vamos», pensaron al mismo tiempo sin conocerse todavía.
Capítulo 2: El encuentro en la biblioteca

En el patio del colegio había muchos niños corriendo y gritando. Juan se quedó quieto observando. Marcela buscaba una esquina tranquila. David quería jugar pero no sabía con quién. Tom se sentía perdido.
La señorita Carmen les enseñó el colegio. «Esta es la biblioteca», dijo abriendo una puerta grande. Dentro había estanterías llenas de cuentos y cojines de colores por el suelo. Los cuatro niños se sintieron atraídos por el lugar tan acogedor y silencioso que encontraron allí.
Cada uno se sentó en un rincón diferente. Juan eligió un libro sobre inventos. Marcela encontró cuentos de animales. David cogió aventuras de piratas. Tom abrió un cuento con dibujos de dinosaurios preciosos.
De repente, del libro de Tom salió una luz brillante y dorada. Los cuatro niños se acercaron asombrados. Apareció una dinosaurio pequeña y verde con ojos muy grandes y sonrisa amable. «Hola, soy Bimba. Vengo de Cuentoslandia para acompañaros en vuestro primer día», dijo alegremente.
«Todos tenéis mariposas en la tripa, ¿verdad?», preguntó Bimba con dulzura. Los niños asintieron tímidamente. «Es normal sentir miedo ante algo nuevo. Pero también puede ser emocionante. ¿Queréis que exploremos juntos el colegio?», propuso la pequeña dinosaurio.
Juan se acercó primero. «Yo soy Juan, me gusta observar las cosas». Marcela sonrió. «Yo soy Marcela, me gusta cuidar a los demás». David se levantó de un salto. «Soy David, me encanta la aventura». Tom abrazó a Coco. «Soy Tom, y este es Coco».
Capítulo 3: Descubriendo juntos

Bimba les guió por los pasillos del colegio. «Cada miedo que tenéis es normal», les explicó. «Pero también cada uno de vosotros tiene algo especial que ofrecer a los demás».
Visitaron el patio donde otros niños jugaban. Juan observó cómo funcionaban los columpios. Marcela ayudó a una niña que se había caído. David se unió a un grupo que corría. Tom encontró otros niños que también llevaban peluches y se sintió acompañado.

En la clase de música, descubrieron instrumentos nuevos. Juan analizó cómo sonaba cada uno. Marcela cantó para animar a los demás. David tocó los tambores con energía. Tom siguió el ritmo con Coco.
Durante el almuerzo, se sentaron juntos en una mesa. «Me gusta observar, pero a veces me da miedo participar», confesó Juan. «A mí me gusta cuidar, pero temo no hacerlo bien», dijo Marcela. Cada uno compartió sus miedos sin vergüenza alguna.
«Yo quiero hacer amigos, pero no sé si les gustaré», añadió David. «Tengo miedo de separarme de Coco», susurró Tom. Bimba les escuchó con atención. «Vuestros miedos son válidos. Pero fijaos en todo lo bonito que habéis descubierto hoy».
Por la tarde, jugaron todos juntos en el recreo. Juan propuso un juego de observación. Marcela organizó un corro para cantar. David inventó una carrera divertida. Tom enseñó a otros niños a Coco. Se dieron cuenta de que trabajaban muy bien en equipo.
Capítulo 4: El orgullo del primer día
Al final del día, los cuatro amigos se reunieron en la biblioteca otra vez. «Ha sido un día increíble», dijo Juan quitándose las gafas para limpiarlas. Todos sonreían cansados pero felices.
«Al principio tenía miedo, pero he descubierto que me encanta observar cómo juegan otros niños», confesó Juan. «Yo pensaba que no sabría cuidar bien, pero he ayudado a muchos compañeros», añadió Marcela. Se sentían orgullosos de sus logros del día.
«He hecho muchos amigos nuevos jugando», celebró David dando saltos. «Y yo he visto que otros niños también tienen peluches especiales como Coco», sonrió Tom acariciando a su osito, que ahora brillaba dorado.

Bimba les miró con orgullo. «Habéis aprendido que los miedos son normales, pero que no deben pararos. Cada uno habéis encontrado vuestra manera de brillar. Recordad siempre: las emociones están para sentirlas, no para esconderlas», les dijo con sabiduría.
De repente apareció un señor mayor con una maleta llena de frascos brillantes. «Soy el Coleccionista de las Primeras Veces», sonrió. «Vengo a guardar este día tan especial en un frasco mágico para que nunca se olvide».
El Coleccionista llenó un frasco con la luz dorada del día. «Vuestro primer día de colegio ha sido precioso. Habéis convertido los nervios en amistad y los miedos en valentía», dijo cerrando el frasco. Los niños se abrazaron. «Mañana volvemos», dijeron juntos, ya sin miedo alguno.





