El Valor de Ayudar: Un Brillo Contra el Bullying

  • Cuento gratis
  • 6 a 8 años
  • Valores
  • 5 min de lectura

Elena lleva en el bolsillo a Astri, una estrella diminuta que brilla menos cada vez que ella mira hacia otro lado. En el Colegio Salvia alguien lo está pasando mal, y Elena y Adrián lo ven todo desde lejos.

Qué aprende con este cuento

Que quien mira y calla también forma parte, y que pedir ayuda a un adulto ya es ser valiente

El cuento

Capítulo 1: La luz que se apaga

Elena guardaba una pequeña estrella brillante en su bolsillo. Era su amiga especial, Astri, que siempre la acompañaba al colegio Salvia. Hoy, algo extraño iba a suceder.

Un niño empuja a una niña junto a los columpios del patio mientras a ella se le caen los libros al suelo

Durante el recreo, Elena vio cómo Lolo empujaba a Cris cerca de los columpios. Sus libros cayeron al suelo mientras Lolo se reía. «Qué torpe eres», le gritó. Elena sintió algo raro en su estómago, como si hubiera comido algo malo. Astri, en su bolsillo, perdió un poco de brillo.

Adrián también observó la escena desde el banco donde comía su bocadillo. Vio la cara triste de Cris recogiendo sus cosas del suelo sucio. Quería ayudar, pero sus piernas no se movían.

«No es asunto mío», pensó Elena mientras se alejaba hacia los toboganes. «Si digo algo, Lolo se enfadará conmigo también». Astri brilló menos dentro del bolsillo oscuro. Elena notó el cambio de temperatura, pero no entendía por qué su estrella mágica parecía tan apagada de repente.

Esa tarde, Adrián no podía concentrarse en sus deberes de matemáticas. Recordaba la expresión de tristeza en los ojos de Cris. «Seguro que alguien más habrá hecho algo», se decía. Pero en el fondo sabía que nadie había ayudado.

Por la noche, Elena sacó a Astri de su bolsillo. La pequeña estrella apenas tenía luz, como una bombilla a punto de fundirse. «¿Qué te pasa, amiga?», susurró Elena. Astri parpadeó débilmente tres veces. Era su forma de decir: «Algo no está bien y tú lo sabes».

Capítulo 2: El peso del silencio

Al día siguiente, Elena llegó temprano al colegio. Astri seguía sin brillar como antes. En la clase, Cris parecía más callada que nunca.

Un niño tira una bolsa de almuerzo a la papelera del aula mientras otro, con su fiambrera en la mano, lo mira asustado

Durante la hora del almuerzo, Lolo volvió a molestar a Jose esta vez. Le quitó su almuerzo y lo tiró a la papelera. «Los perdedores no merecen comer», dijo riéndose. Jose se quedó sin palabras, mirando su comida desperdiciada. Otros niños bajaron la vista, fingiendo no ver nada.

Adrián apretó los puños. Sabía que esto estaba mal, pero tenía miedo. «¿Qué dirán si me meto?», pensaba. Su corazón latía muy rápido, como cuando corría en educación física.

Elena observó todo desde su mesa. Astri se movió inquieta en su bolsillo, casi sin luz. «¿Por qué no hago nada?», se preguntó Elena. «Quizá estoy exagerando las cosas». Pero algo en su interior le decía que no era verdad. La situación era realmente injusta.

Después de clases, Adrián caminó hacia casa muy despacio. Pensaba en Jose, que había pasado el resto del día con hambre. «Yo lo vi todo. Entonces, ¿por qué no hice nada?», se repetía una y otra vez.

Esa noche, Elena habló con su madre sobre su día. Sin mencionar nombres, le contó lo que había visto. «Mami, ¿qué haces cuando ves algo que no está bien?». Su madre la miró con cariño. «Cariño, ser testigo de algo injusto también es importante», le explicó suavemente.

Capítulo 3: Aprendiendo a brillar

«No tienes que ser una heroína», le dijo su madre. «Pero sí puedes pedir ayuda cuando alguien necesita apoyo». Elena tocó a Astri en su bolsillo.

Una estrellita dorada brilla con fuerza dentro del bolsillo de una prenda de ropa

Al día siguiente, el profesor Alberto notó que algunos niños parecían preocupados. Durante la hora de tutoría, habló sobre la importancia de crear un ambiente seguro. «En nuestro colegio, todos somos importantes», dijo. «Si veis algo que os preocupa, podéis contármelo». Elena y Adrián se miraron desde sus sitios.

En el recreo, Elena se acercó a Adrián. «¿Tú también has visto lo que pasa con Lolo?», le preguntó en voz baja. Adrián asintió. «No sé qué hacer», confesó.

«Podemos hablar con el profesor Alberto», sugirió Elena. Astri comenzó a brillar un poquito más en su bolsillo. «¿Pero qué le decimos?», preguntó Adrián nervioso. «La verdad», respondió Elena. «Le contamos lo que hemos visto». Su voz sonaba más segura de lo que se sentía.

Elena y Adrián caminan juntos y de la mano por el pasillo del colegio hacia la puerta de un aula

Juntos, se dirigieron hacia el aula donde estaba el profesor Alberto. Elena sentía cómo Astri se calentaba en su bolsillo, recuperando su brillo poco a poco. Respiró hondo. «No tenemos que enfrentarnos solos a esto», murmuró.

«Profesor Alberto», comenzó Elena. «Hemos visto cosas que nos preocupan». Le contaron lo de Lolo, Cris y Jose sin exagerar nada. El profesor les escuchó atentamente. «Habéis hecho muy bien viniendo a contármelo», les dijo. «Ser valiente también significa pedir ayuda cuando es necesario». Astri brilló con más fuerza.

Capítulo 4: Una segunda oportunidad

Al día siguiente, el profesor Alberto habló con Lolo en privado. También organizó actividades para que todos los niños trabajaran juntos en equipos mixtos.

Durante el recreo, Elena vio a Cris sentada sola en un banco. Esta vez, en lugar de mirar hacia otro lado, se acercó. «Hola, Cris. ¿Puedo sentarme contigo?». Cris sonrió tímidamente. «Claro», respondió. Era la primera vez en días que alguien se acercaba a ella de forma amable.

Un niño le ofrece una manzana a otro en el patio, los dos de pie sobre el césped y sonriendo

Adrián hizo lo mismo con Jose. Le ofreció compartir su merienda. «Gracias», dijo Jose sorprendido. «De nada. Los amigos se ayudan», respondió Adrián, sintiéndose más valiente.

Cuando Lolo intentó molestar a otro compañero, Elena se acercó. «Lolo, eso no está bien», dijo con voz firme pero sin gritar. Adrián se puso a su lado. Lolo se sorprendió. No esperaba que alguien le dijera algo. Se alejó refunfuñando, pero dejó en paz al otro niño.

Astri brillaba ahora con toda su fuerza en el bolsillo de Elena. Se sentía como una pequeña estrella de verdad, cálida y luminosa. Elena entendió que no había que ser perfecta para hacer lo correcto.

Esa tarde, mientras volvía a casa, Elena reflexionó sobre todo lo aprendido. Aún sentía miedo a veces, pero ahora sabía que no tenía que enfrentarse sola a los problemas. Podía pedir ayuda, acercarse a quien estaba triste o simplemente no mirar hacia otro lado. Astri brillaba recordándole esta lección para siempre.

Así queda el cuento por dentro

Dos páginas del cuento tal y como quedan maquetadas, con sus ilustraciones.

Doble página de «El Valor de Ayudar: Un Brillo Contra el Bullying»Doble página de «El Valor de Ayudar: Un Brillo Contra el Bullying»

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Preguntas para hablar después de leerlo

El cuento hace la mitad del trabajo; la conversación de después hace la otra mitad. Cinco preguntas para leer juntos al terminar.

  1. Astri brillaba menos cada vez que Elena miraba hacia otro lado. ¿Por qué crees que le pasaba eso?
  2. Adrián quería ayudar pero le temblaban las piernas. ¿Alguna vez te ha pasado algo parecido?
  3. Ellos no se enfrentaron solos: se lo contaron al profesor. ¿A qué adulto se lo contarías tú?
  4. Elena se sentó al lado de Cris, que estaba sola. ¿Qué otra cosa pequeña se puede hacer por alguien que lo está pasando mal?
  5. ¿Qué crees que sentía Jose cuando le tiraron su almuerzo y nadie dijo nada?

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Cómo gestionar el miedo y la ansiedad del primer día por edades, y un cuento que ayuda al niño a vivirlo en positivo.

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