El cuento
Capítulo 1: El desayuno de los sábados
El sol entraba por la ventana de la cocina mientras Mateo bajaba las escaleras. Papá Carlos preparaba tortitas y Papá Dani exprimía naranjas frescas. Los sábados siempre comenzaban así en casa, con risas y el delicioso aroma del desayuno.

Mateo se frotó los ojos y bostezó. Sus zapatillas de dinosaurio arrastraban por el suelo de baldosas. Carlos le revolvió el pelo cariñosamente mientras Dani le sirvió zumo en su vaso favorito, el azul con rayas blancas. Las tortitas tenían forma de estrella, como a él le gustaban siempre los fines de semana.
Durante el desayuno, planearon el día juntos. Irían al parque después de almorzar. Mateo quería jugar en los columpios y alimentar a los patos del estanque. Sus papás sonrieron cuando él propuso llevar pan duro para los animales del lago.
Después de comer, Dani preparó la mochila con agua y galletas. Carlos cogió la pelota roja del armario del pasillo. Mateo corrió a buscar su chaqueta azul, la que tenía bolsillos grandes. Estaba emocionado porque era su momento favorito: jugar en el parque con sus dos papás los sábados.
Caminaron por las calles hasta llegar al parque municipal. Mateo corría delante, parándose en cada semáforo. Carlos y Dani hablaban tranquilamente, observando cómo su hijo saltaba sobre las líneas del pavimento. El parque estaba lleno de familias disfrutando del día soleado.

En el parque, Mateo se dirigió directamente hacia los columpios. Carlos lo empujó suavemente mientras Dani preparó el almuerzo sobre la mesa de picnic. Otros niños corrían alrededor, sus risas mezclándose con el viento. Mateo se sentía completamente feliz, balanceándose entre las nubes con sus papás cerca, cuidándolo como siempre.
Capítulo 2: Preguntas en el colegio
El lunes en el colegio, Mateo dibujaba su familia en clase de plástica. Cogió tres colores: marrón para Carlos, azul para Dani y verde para él. Su dibujo mostraba a todos sonriendo en el jardín de casa, con el perro.
Hugo, su compañero de mesa, observó el dibujo con curiosidad. Frunció el ceño y señaló las dos figuras altas del papel. Sus propios padres aparecían en su dibujo: un papá con corbata y una mamá con vestido largo. Hugo preguntó por qué Mateo había dibujado dos papás en lugar de papá y mamá.
Mateo dejó sus rotuladores sobre la mesa y miró a Hugo tranquilamente. Explicó que tenía dos papás porque esa era su familia. Carlos y Dani se querían mucho y lo cuidaban juntos. No necesitaba una mamá, sus papás hacían todo perfectamente.
Hugo siguió preguntando, confundido. Mateo le contó que Carlos cocinaba estupendamente y Dani sabía coser botones. Por las noches, ambos le leían cuentos diferentes. Los sábados jugaban al fútbol en el parque. Los domingos veían películas en el sofá, comiendo palomitas caseras y abrazados.
La señorita Carmen se acercó a su mesa y sonrió al ver ambos dibujos. Comentó que las familias podían ser muy diferentes: algunas con mamá y papá, otras con dos mamás, dos papás, o solo uno. Lo importante era el cariño y los cuidados mutuos.
Hugo asintió lentamente, comenzando a entender mejor. Preguntó si podía conocer a los papás de Mateo algún día. Mateo sonrió ampliamente y le prometió que podrían jugar juntos en su casa pronto. Ambos terminaron sus dibujos, hablando sobre sus familias mientras coloreaban con entusiasmo y alegría.
Capítulo 3: La cena de cumpleaños
Era el cumpleaños de Carlos y toda la casa olía a tarta de chocolate. Mateo había ayudado a Dani a decorarla con fresas frescas. Habían colgado globos azules por toda la cocina para la sorpresa.

Mateo había preparado un regalo especial en el colegio: un portarretratos hecho con palitos de colores. Dentro había puesto su foto favorita, donde aparecían los tres en la playa el verano pasado. Carlos llevaba gafas de sol divertidas y Dani construía castillos de arena. Mateo sonreía mostrando sus dientes.
Cuando Carlos llegó del trabajo, Mateo gritó «sorpresa» desde detrás del sofá. Su papá se echó a reír y lo levantó en brazos, dándole vueltas. Dani encendió las velas de la tarta mientras cantaban «Cumpleaños feliz» a pleno pulmón.
Durante la cena, Carlos abrió su regalo cuidadosamente. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver el portarretratos casero. Lo abrazó fuerte, diciéndole que era el mejor regalo del mundo. Dani sirvió la tarta, poniendo extra chocolate en el trozo de Mateo, como sabía que le gustaba.
Después de cenar, jugaron al parchís en la mesa del salón. Carlos ganó la primera partida, pero Mateo ganó la segunda haciendo trampa. Sus papás se rieron cuando lo pillaron moviendo fichas de más. Era su pequeña travesura habitual en los juegos familiares.
Antes de acostarse, los tres se sentaron en el sofá grande del salón. Carlos leyó un cuento de piratas mientras Dani hacía las voces graciosas de los personajes. Mateo bostezaba entre sus brazos, sintiéndose el niño más afortunado del mundo entero. Su familia era perfecta tal como era.
Capítulo 4: Domingo en familia
El domingo amaneció lluvioso, pero a Mateo no le importaba. Los domingos lluviosos significaban juegos dentro de casa, mantas en el sofá y chocolate caliente. Sus papás ya estaban despiertos, preparando el desayuno en la cocina.
Carlos preparaba tortillas francesas mientras Dani calentaba leche con cacao. Mateo bajó corriendo las escaleras, todavía en pijama. Se abrazó a las piernas de sus papás, uno después del otro. El desayuno olía delicioso y la lluvia golpeaba suavemente los cristales de la ventana de la cocina.

Después de desayunar, construyeron una cabaña con sillas y mantas en el salón. Mateo se escondía dentro mientras sus papás fingían no encontrarlo. Sus risas llenaban toda la casa, mezclándose con el sonido relajante de la lluvia.
Por la tarde, Dani enseñó a Mateo a hacer galletas con forma de corazón. Carlos ayudaba midiendo ingredientes y limpiando la harina que caía al suelo. La cocina se llenó de risas cuando Mateo se manchó la nariz de masa. Juntos crearon deliciosas galletas para toda la familia.
Hugo vino de visita con sus padres para merendar. Jugaron con los coches de Mateo mientras los adultos hablaban tranquilamente. Hugo comentó que la casa de Mateo era muy divertida y acogedora. Los dos amigos se divirtieron enormemente toda la tarde.

Al anochecer, cuando Hugo se marchó, Mateo se acurrucó entre sus dos papás en el sofá. Carlos le acariciaba el pelo mientras Dani le masajeaba los pies. Mateo suspiró contento, pensando que no cambiaría nada de su vida. Su familia de tres era exactamente perfecta como era, llena de amor verdadero.



