El cuento
Capítulo 1: El volcancito en mi pecho

Luna sintió algo extraño en su pecho. Era como un volcancito pequeñito que hacía pum pum. Se tocó el corazón con sus manitas. ¿Qué era esa sensación tan rara?
—¡Mamá! —exclamó Luna corriendo hacia la cocina. Su mamá estaba tomando té tranquilamente—. Mamá, ¿por qué me enfado? Siento algo raro aquí dentro. —Luna se señaló el pecho con el dedo. Su voz sonaba preocupada y confundida por lo que sentía.
Mamá dejó su taza sobre la mesa despacio. Sonrió con dulzura y miró los ojos brillantes de Luna. —Ven aquí, pequeña. Te voy a contar un secreto muy especial.
—Dentro de ti vive un dragón rojo muy pequeñito —le explicó mamá con voz suave—. Es tu dragón personal y vive en tu corazón. Todos tenemos uno. —Luna abrió los ojos enormes. ¿Un dragón de verdad? ¿Dentro de ella? ¡Qué fascinante!
Luna se quedó callada pensando. Un dragón pequeñito vivía en su corazón. Por eso sentía el pum pum cuando algo la molestaba. —Pero mamá —susurró Luna curiosa—, ¿es de verdad mi dragón?
Mamá asintió con la cabeza. —Es tu compañero especial, Luna. Cuando sientes el volcancito es porque él está despierto. —Luna tocó su pecho nuevamente. Ahora entendía mejor esa sensación extraña. Tenía un dragón rojo pequeñito que vivía ahí dentro. ¡Qué increíble descubrimiento había hecho!
Capítulo 2: Mi dragón se llama Dragui
Al día siguiente Luna preguntó: —¿Mi dragón es real? —Mamá sonrió—. Sí, mi amor. Representa algunas de las emociones que sientes por dentro.
—Tu dragón aparece cuando algo no te gusta mucho —explicó mamá pacientemente—. También cuando estás cansada o cuando sientes que nadie te entiende bien. No es malo, Luna. Solo es muy ruidoso y no sabe hablar con palabras como nosotras hacemos.

Luna recordó ese día horrible. —Mi torre se cayó y me enfadé mucho. También mi hermano no me prestó su coche rojo favorito.
—¡Exactamente! —exclamó mamá contenta—. Tu dragón rugía porque quería decir que te sentías frustrada. Pero como no sabe hablar bien, solo puede rugir muy fuerte. Por eso sentiste el volcancito haciendo pum pum en tu pecho, ¿verdad?

Luna asintió con la cabeza. Ahora todo tenía sentido perfecto. Su pequeño dragón no sabía decir palabras bonitas. Solo sabía rugir cuando ella se sentía mal por algo que había pasado.
—Podemos llamar a tu dragón Dragui —propuso mamá dulcemente—. Es un buen nombre para él, ¿no crees? —Luna aplaudió emocionada—. Sí, mamá. Me gusta mucho ese nombre. ¡Dragui es perfecto para mi dragón rojo que vive aquí dentro!
Capítulo 3: Enseñando a hablar a Dragui
—Mamá, ¿cómo puedo hacer para que Dragui no ruja tan fuerte? No me gusta cuando hace ruido —preguntó Luna preocupada por su pequeño dragón.
Mamá se sentó junto a Luna en el sofá cómodo. «Te voy a enseñar un truco mágico muy especial. Cuando sientas el fuego de Dragui, respira hondo para calmarle. Después dile: Dragui, ya te escuché. Así sabrá que le prestas atención».
—Después puedes contarme lo que pasó —añadió mamá con cariño—. Dragui se sentirá mejor cuando vea que le escuchas y le entiendes siempre.
Luna practicó el truco nuevo inmediatamente. Cerró los ojos y respiró muy hondo. —Dragui, ya te escuché —susurró bajito. Se sintió más tranquila al decir esas palabras mágicas—. Es como si Dragui supiera que me importa lo que siente.
—Exacto, Luna —dijo mamá orgullosa—. Dragui solo quiere que sepas cómo te sientes. Cuando le hablas con palabras bonitas, él se calma y descansa mejor en tu corazón.
Luna sonrió feliz. Ahora tenía un truco especial para ayudar a Dragui. No más rugidos fuertes. Solo palabras dulces y respiraciones profundas. —Gracias mamá. Ahora sé cómo cuidar bien a Dragui cuando esté despierto y ruidoso dentro de mí.
Capítulo 4: Dragui y yo somos amigos
Esa tarde Luna sintió el pum pum otra vez. Recordó el truco de mamá. Cerró los ojos despacio y respiró como si inflara un globo gigante.

El volcancito en su pecho se volvió tibio y suave como una manta calentita. —Dragui, ya te escuché —susurró Luna tranquila. Su corazón latía más despacio ahora. Se sentía mucho mejor que antes. El truco de mamá funcionaba perfectamente bien.
—Mamá, creo que mi dragón ya está dormido —le contó Luna corriendo hacia ella. Su voz sonaba alegre y orgullosa de haber calmado a Dragui.
Mamá la abrazó fuerte y cariñosa. —Los dragones no se van nunca, Luna. Nos acompañan y se convierten en nuestros amigos cuando aprendemos a escucharles y calmarles con paciencia.
Desde ese día especial, Luna ya no gritaba cuando sentía el pum pum pum. Paraba todo lo que estaba haciendo. Respiraba hondo y hablaba con Dragui usando palabras bonitas siempre.

Luna y Dragui se hicieron los mejores amigos del mundo entero. Cuando se sentía enfadada, triste o frustrada, Luna sabía exactamente qué hacer. Respiraba, escuchaba a Dragui y después le contaba todo a mamá. ¡Qué bien se sentía teniendo un dragón amigo!





