El cuento
Capítulo 1: El último día de vacaciones
En Cuentoslandia, las vacaciones de verano llegaban a su fin. Bimpo el koala se desperezaba lentamente en su árbol favorito. Mañana empezaba el colegio otra vez.

«No quiero levantarme temprano», suspiró Bimpo. Durante el verano había dormido hasta muy tarde todos los días. Le encantaba descansar en las ramas altas, viendo las nubes pasar. Ahora tendría que madrugar cada mañana para ir al Colegio Selvático.
Mientras tanto, Dila la ardilla correteaba nerviosa entre los árboles. «Espero que mis amigos no hayan cambiado», pensaba. Durante las vacaciones había echado mucho de menos a todos.

Fifo el pingüino nadaba tristemente en el lago helado. Sus abuelos se marchaban hoy de vuelta al Polo Sur. «Ha sido el mejor verano de mi vida», murmuró. No quería que terminaran estos días tan especiales junto a su familia.
En la cueva de las montañas, Tabú y Vera jugaban a las escondidas. «Mañana conoceremos niños nuevos», dijo Vera emocionada. Pero Tabú se escondió detrás de una roca, sintiéndose muy tímido.
Nelo el león rugía suavemente desde la pradera. Se sentía preocupado porque este año las clases serían más difíciles. Pati la tortuga caminaba despacio hacia la orilla del río. También ella tenía sus propias preocupaciones sobre el nuevo curso escolar.
Capítulo 2: Miedos y preocupaciones
Al día siguiente, todos los amigos se encontraron en el sendero que llevaba al colegio. Cada uno parecía algo preocupado por diferentes motivos del nuevo curso.

«Tengo sueño», bostezó Bimpo caminando muy despacio. «Yo echo de menos a mis abuelos», susurró Fifo con los ojos brillantes. Dila saltaba de rama en rama, preguntándose si sus amigos seguirían siendo los mismos de siempre.
Vera caminaba animada al lado de su hermano. «Será divertido conocer gente nueva», decía. Pero Tabú se quedaba siempre detrás del grupo, arrastrando los pies.
«Este curso estudiaremos matemáticas más complicadas», rugió Nelo nervioso. Era muy inteligente, pero le daba miedo no ser lo suficientemente bueno. Pati avanzaba lentamente, preocupada por no llegar tarde a su primera clase nueva.
El grupo se detuvo antes de entrar al patio del colegio. Todos miraban el edificio con sentimientos mezclados. Algunos estaban nerviosos, otros tristes y algunos incluso un poquito emocionados.
«Quizás podríamos contarnos nuestras preocupaciones», sugirió Dila tímidamente. Era buena idea hablar sobre lo que sentían. Así podrían ayudarse unos a otros antes de entrar al Colegio Selvático donde les esperaba su nuevo curso.
Capítulo 3: Compartiendo sentimientos

Los siete amigos se sentaron en círculo bajo la gran ceiba del patio. Era momento de compartir sus miedos sobre este nuevo curso.
«Yo no quiero madrugar», confesó Bimpo rascándose la cabeza. «En verano dormía hasta el mediodía». Fifo asintió tristemente: «Echo mucho de menos a mis abuelos. Fueron unas vacaciones mágicas con ellos en el lago helado».
Dila habló rápidamente: «Me preocupa que nuestras amistades hayan cambiado durante el verano. ¿Y si ya no nos llevamos tan bien como antes?».
Tabú murmuró muy bajito: «Tengo miedo de los niños nuevos. No sé qué decirles». Su hermana Vera le dio un abrazo cariñoso. «A mí me emociona conocer gente nueva, pero entiendo que te dé vergüenza».
Nelo rugió suavemente: «Las matemáticas serán más difíciles este año. Tengo miedo de no aprobar». Pati asintió lentamente: «Yo siempre llego tarde a todos lados. Me preocupa decepcionar a Ragu».
Después de escucharse unos a otros, todos se sintieron mucho mejor. Darse cuenta de que tenían miedos parecidos les tranquilizó bastante. «Podemos ayudarnos durante todo el curso», propuso Vera con una gran sonrisa en su hocico.
Capítulo 4: Un nuevo comienzo
Cuando sonó la campana del colegio, los siete amigos se dirigieron juntos hacia su nueva clase. Ya no se sentían tan nerviosos.

En la puerta les esperaba Ragu, un gorila muy grande y sonriente. «Bienvenidos al nuevo curso», dijo con voz cálida. «Veo que habéis crecido mucho durante las vacaciones. Estoy muy contento de veros de nuevo».
«Profesor Ragu», dijo Bimpo, «esperamos que no tengamos que madrugar demasiado». Ragu se rió: «Poco a poco os acostumbraréis al horario».
Ragu miró a cada uno con cariño: «Este curso aprenderemos cosas nuevas y emocionantes. Haremos experimentos, leeremos cuentos fantásticos y conoceremos a compañeros nuevos que se convertirán en grandes amigos». Los ojos de todos brillaron de emoción.
«También respetaremos el ritmo de cada uno», añadió Ragu mirando a Pati. «Y ayudaremos a quienes se sientan tímidos», dijo guiñando un ojo a Tabú, que sonrió.
Mientras entraban al aula, Dila susurró: «Creo que este curso va a ser genial». Sus amigos asintieron felices. Habían descubierto que compartir sus miedos los hacía más pequeños. Juntos podían enfrentar cualquier desafío que trajera el nuevo año escolar en Cuentoslandia.





