El cuento
Capítulo 1: El volcán de Hugo
Hugo acaba de colocar el último bloque rojo en lo alto de su torre. Es la más alta de toda la clase de los Delfines. Sonríe orgulloso y da una palmada.
Alba cruza corriendo entre las mesas con un dibujo en la mano. Quiere enseñárselo a Hugo. Su pie tropieza con la alfombra y, sin querer, su brazo golpea la torre. Los bloques caen haciendo ruido por todas partes. Hugo abre los ojos muy grandes. La torre... ¡su torre está en el suelo!
Hugo siente que algo caliente le sube por dentro, como un volcán. La cara se le pone roja. Aprieta los puños con fuerza. Le dan ganas de gritar, de empujar, de tirar algo.

Alba se queda muy quieta. Ve la cara de Hugo y se asusta. «Lo siento, Hugo, lo siento mucho», dice bajito. Pero Hugo no la escucha. El volcán sigue subiendo y subiendo. Laura, la maestra de gafas y coleta, se agacha junto a él.

«Hugo, veo que estás muy enfadado», dice Laura con voz tranquila. «Es normal enfadarse cuando pasa algo así. Pero no podemos hacer daño a nadie. Ven conmigo al rincón de la calma, te va a ayudar». Le tiende la mano.
Hugo respira fuerte. Mira los bloques esparcidos por el suelo y luego mira la mano de Laura. Da un paso, otro más. Caminan juntos hacia la esquina donde hay una alfombra blandita, cojines de colores y una luz suave que brilla como una lucecita amarilla. El volcán sigue ahí dentro, pero Hugo ha llegado al rincón.
Capítulo 2: Los trucos de Puffy
Hugo se sienta en la alfombra del rincón de la calma. Laura coloca un cojín redondo y azul junto a él. De pronto, el cojín se mueve solo. Tiene ojitos brillantes.
«Hola, Hugo. Soy Puffy», dice el cojín con voz suave. «Veo que el volcán de tu cuerpo está muy caliente. Yo conozco dos trucos que te pueden ayudar a enfriarlo. ¿Quieres probarlos?» Hugo asiente despacio. Todavía aprieta los puños, pero escucha. Puffy sonríe. «Primer truco: la flor y la vela».

«Huele esta flor», dice Puffy señalando su patita blandita. Hugo coge aire por la nariz despacio. «Ahora sopla la vela», añade Puffy soplando suavemente. Hugo suelta el aire por la boca. Lo repiten cinco veces juntos.
El pecho de Hugo sube y baja más despacio. Sus puños empiezan a abrirse. «Segundo truco: contar con los dedos», dice Puffy levantando una esquinita. Hugo levanta la mano. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Cuenta despacio mientras respira. El volcán se va enfriando poquito a poco. Laura sonríe desde la silla.
«Muy bien, Hugo», dice Laura acercándose otra vez. «¿Puedes decirme con palabras qué te pasó?» Hugo traga saliva. «Estoy enfadado porque se ha caído mi torre». Las palabras salen más fáciles ahora. Laura asiente. «Te entiendo. Vamos a hablar con Alba».

Alba espera sentada en una silla cerca de las construcciones. Tiene los ojos brillantes. «Hugo, de verdad que fue sin querer. Iba corriendo y tropecé», explica despacio. Hugo la mira. El volcán ya casi se ha ido. «Vale. Lo sé. Fue un accidente», responde. Alba sonríe aliviada. Puffy guiña un ojo desde el rincón.
Capítulo 3: El corazón que corre
Por la tarde, todos salen al patio. El cielo está gris y las nubes parecen montañas oscuras. Alba dibuja con tiza en el suelo cuando de pronto suena un trueno fortísimo. ¡BROOOM!
Alba deja caer la tiza. Su corazón empieza a latir muy rápido, como si corriera dentro de su pecho. Las piernas le tiemblan. Siente ganas de esconderse, de hacerse pequeñita. Es el miedo. Se pega a la pared y cierra los ojos con fuerza. Laura toca el silbato. «Todos al porche, viene tormenta», dice en voz alta.
Bajo el porche cubierto, los niños miran el cielo. Otro trueno retumba lejos. Alba abraza sus propias rodillas. Hugo se acerca y se sienta a su lado. «Alba, ¿estás bien?» Ella niega con la cabeza.
«Tengo mucho miedo. El corazón me va muy rápido y tiemblo», susurra Alba. Hugo recuerda a Puffy y los trucos del rincón. «Yo sé algo que puede ayudarte. Me lo enseñó Puffy esta mañana». Le coge la mano con suavidad. «Vamos a oler la flor y soplar la vela. Hazlo conmigo».
Hugo respira hondo por la nariz. Alba lo imita. Luego soplan despacio por la boca, una, dos, tres veces. Laura se agacha junto a ellos. «El trueno es solo el ruido que hace el rayo muy lejos en el cielo. Aquí dentro estamos protegidos», explica con calma.

Alba vuelve a respirar despacio. Cuenta hasta cinco con los dedos como hizo Hugo por la mañana. El corazón sigue latiendo, pero ya no tan rápido. Las piernas dejan de temblar poco a poco. «Laura, ¿me das un abrazo?» Laura la abraza fuerte. «Claro que sí». Alba apoya la cabeza en su hombro y suspira. El miedo se va haciendo más pequeño.
Capítulo 4: Juntos construimos
Cuando termina la tormenta, todos vuelven a la clase de los Delfines. El sol asoma otra vez entre las nubes. Hugo y Alba van juntos a la zona de construcciones.
«Vamos a hacer una torre nueva juntos», propone Alba cogiendo un bloque amarillo. Hugo sonríe y coloca uno verde encima. Trabajan despacio, turnándose, hasta que la torre es aún más alta que la de esta mañana. Cuando terminan, chocan las manos. «¡Lo conseguimos!» Puffy aparece saltando desde el rincón de la calma.
«Puffy, hoy hemos aprendido mucho», dice Hugo. «Esta mañana yo tenía un volcán de enfado aquí dentro». Se señala el pecho. «Y esta tarde yo tuve miedo y el corazón me corría», añade Alba tocándose el pecho también.
Puffy da un bote contento. «Las dos cosas son normales. El enfado y el miedo vienen a visitarnos a veces». Hugo asiente. «Pero se pueden calmar respirando como la flor y la vela». Alba levanta los dedos. «Y contando hasta cinco». Laura se acerca sonriendo. «Y yendo al rincón de la calma cuando lo necesitéis».
«También ayuda pedir un abrazo», dice Alba recordando el del porche. «Y decir con palabras lo que sentimos», añade Hugo pensando en cuando habló con Laura. Puffy da otro saltito. «Así no hacemos daño a nadie y nos sentimos mejor». Los tres asienten.
Hugo y Alba se sientan en el rincón junto a Puffy. Hugo mira hacia ti. «Vamos a hacerlo juntos ahora mismo. Huele la flor... muy bien. Sopla la vela... despacio». Alba sonríe. «¿Qué te ayuda a ti a calmarte cuando sientes el volcán del enfado o el corazón que corre del miedo? Cuéntanoslo». Puffy guiña un ojo esperando tu respuesta.





